Blade Runner, “salvajemente machista”

El tsunami de idiotez políticamente correcta no se calma, más bien arrecia con fiereza, o quizás es que la cercanía de la primavera estimula el florecer del muy variado jardín de la idiotez feminista.

En este caso, traemos un artículo en el Huffington Post (no olvidemos que es el principal medio nativo digital del grupo PRISA) a cargo de Pilar Aguilar, en la que se acusa literalmente a la película Blade Runner de ser “salvajemente machista“.

La propia autora reconoce que no siempre el mostrar escenas “machistas” supone que el autor sea “machista”, pues eso sería como acusar a Dostoievsky, por haber escrito “Crimen y castigo”, de estar a a favor de que los estudiantes maten a viejecitas con un hacha. Pero incluso desde este contexto de precaución, la cinta le parece patriarcal hasta la náusea:

La escena donde el protagonista, Rick Deckard (Harrison Ford) somete a Rachael (Sean Young) da repelús y asco. Es el brutal mensaje de siempre: “No hagas caso de lo que una mujer te dice. Ellas siempre aseguran que no. Pero tú sabes que debes imponerte. Y ya”.

Por otra parte, como escribí en otro lugar:

“La película plasma un sueño largamente acariciado por el patriarcado (y hasta ahora irrealizable excepto simbólicamente): engendrar sin mujeres. En ese futuro sólo existen padres e hijos. Se acabaron las engorrosas -pero en el pasado imprescindibles- hembras reproductoras. Y, de hecho, aunque en el film se hacen dos referencias a hipotéticas madres (de una hay incluso una fotografía), resulta que no existen, que son inventos fantasmales.

Blade Runner lleva, pues, su propuesta muy lejos: elimina del relato a las mujeres reales, las sustituye por replicantes y, además, constriñe el papel de esas replicantes femeninas a las funciones de entretenimiento, protocolo o satisfacción sexual (masculina, se entiende).

Nunca se tomará la suficiente distancia (por pura higiene mental) de necedades como estas. Blade Runner no es sólo una obra maestra – es la confluencia de cuatro genios (Dick, Scott, Vangelis, Moebius) en un tipo de conjunción afortunada que se da en escasísimas ocasiones. La sra. Aguilar no ve nada de todo eso, pues no ve si no es a través del filtro ideológico del análisis de género. Es decir, no ve más que el eco de sus prejuicios.

Estos planteamientos, por desgracia, no son cosa de cuatro locas con una pandereta. Están penetrando las instituciones y triunfando a la hora de establecer censuras “políticamente correctas”. Puede recordarse como, hace dos meses, las escuelas de Virginia prohibían “Huckleberry Finn” porque en la novela aparecen términos “racistas” (Eduardo Jordá publicó una respuesta memorable), o más recientemente los ataques a Joaquín Sabina a partir de un análisis “de género” de sus letras.

La causa no puede ser más noble: la defensa contra la tiranía de la idiotez.

 

Anuncios

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s