“Somos guapas, somos listas, somos putas feministas”

El feminismo no sólo tiene un problema con la libertad de expresión, la gestación subrogada o las mujeres trans (entre otros variopintos frentes): también tiene un problema con la prostitución.

En España, la postura abolicionista la encabeza la MDM, que considera la prostitución libremente ejercida (la explotación nadie la defiende) como inaceptable por degradante para la mujer. Para ello, evidentemente, tiene que combatir explicitamente la idea de que una persona pueda hacer con su cuerpo y con su vida lo que quiera:

Actualmente encontramos voces defensoras de la prostitución como salida laboral para las mujeres con pocas alternativas, alegando que es una profesión como cualquier otra, a la que hay que reconocer unos derechos laborales cuando se ejerce libremente. Estos argumentos descansan indefectiblemente en el ideal liberal de la libre elección, una mina de oro legitimadora para multitud de discriminaciones.

En el otro extremo del delirio ideológico (ambos polos son lo bastante divertidos para el degustador de fanatismos) tenemos a los movimientos de “Putas Feministas”, como Aprosex o el colectivo Hetaira, que este pasado 8 de marzo salieron a la calle al grito de “Somos guapas, somos listas, somos putas feministas”. Ellas mismas lo cuentan con arrobo en su web:

Aprosex ha decidido desdoblarse este año y estar en Madrid y Barcelona a la vez y cómo no podía ser de otro modo, nos unimos a nuestras compas y hermanas, las compas del Colectivo Hetaira. Tras unos minutos de confusión porque la manifestación arranca sin la cabecera, la marcha transcurre entre gritos, canciones reivindicativas sobre la libertad de las mujeres, la libertad sexual de las mujeres, la desigualdad en la vida diaria de las mujeres, la brecha salarial contra las mujeres, el maltrato hacia las mujeres, los asesinatos de mujeres…

Desde el “Somos guapas, somos listas, somos putas feministas”, hasta el “Machirulo vivo, oxígeno perdido”, pasando por “Madrid merece putas con derechos”, se oyó de todo. Mujeres que rondaban la setentena junto a mujeres que estaban por debajo de los 18. Era un gusto para el alma, era un bálsamo ante tantas mujeres muertas a manos del amor de su vida (sic), era una hermandad entre generaciones. Fuimos manada.

Fueron manada. Ellas mismas lo dicen.

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