La cuestión del “machismo académico”

Es sabido que uno de los principios básicos del feminismo actual es: en los casos en los que en un sector no hay paridad sólo hay que protestar si la “desigualdad” es a favor de los hombres. No espere el lector ver a las feministas protestando, por ejemplo, porque el 70% de las estudiantes de medicina son mujeres.

La cuestión todavía podría discutirse cuando hablamos de ámbitos sujetos a distintas inercias sociales o laborales. Lo desesperante es cuando se aplica a aquellas esferas donde lo que se premian son los méritos. Sin ir más lejos, anteayer nos desayunábamos con este articulo en El Español, titulado ·”Todas las Reales Academias, sobresaliente en machismo”, en la que se examinaba a las Reales Academias de la Lengua, de Ciencias Morales y Políticas, de Farmacia, de Bellas Artes, de Historia, de Ciencias Exactas y se las acusaba de “machistas” por no regirse por principios de paridad aritmética a la hora de nombrar a sus miembros.

Quizás es porque somos unos fascistas heteropatriarcales opresores, pero en El Incorrecto pensamos que los que han alcanzado la excelencia en una disciplina deben ser honrados sin distinguir por sexo: si son todos mujeres, que lo sean, si son todos hermafroditas venusianos, también. La cuestión de las cuotas esconde en realidad un profundo desprecio hacia las mujeres, que pueden llegar a sentir que están en ese puesto no en atención a sus méritos y capacidades, sino por rellenar un porcentaje.

Este tipo de “análisis de género” basado en el escrutinio de porcentajes es una plaga en los tiempos actuales. Véase por ejemplo, este artículo titulado “¿Cómo les fue a las mujeres en los Oscars 2017?” donde se insinúa por donde va a ir la presión “politicamente correcta” en los próximos años, seguramente obligando a que la mitad de los nominados en los premios sean mujeres. Luego, por supuesto, aparecerá quien reivindique a las mujeres con pene y acusará a los Oscars de transfóbicos por dar premios en función de asumir que los actores tienen pene y las actrices tienen vulva, y tendremos lío. (Si alguien nos toma por exagerados, sólo hay que fijarse en lo que ha pasado con el “pussy hat”, el sombrero en forma de vagina que fue el símbolo de la marcha de mujeres anti-Trump: ya se le está acusando de ser una prenda “transfóbica” por asumir que las mujeres tienen vagina y discriminar a las mujeres con pene)

 

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